Un día normal
Era mi costumbre llegar temprano a clases. A veces, con media hora de anticipación, tal vez, por que me aseguraba de estar sola. Entonces, era ahí en un salón vació o el pasillo completamente desolado, donde mi mejor creación, se escribía. Me gustaba sentarme los días de taller, afuera de la sala… mirar al hall y ver como todos llegaban, despreocupados de la hora. Y yo mirando desde la distancia sus gestos, e inspirándome en las ventanas que alejadas de mis manos se encontraban. Mi mejor manera de hacer pasar el tiempo, era sacar mi cuaderno… escribir y solo dejar salir ideas, que por mucho que no encajaran con las otras… siempre era motivante hacer encajar de alguna forma después, en privado, en mi encapsulado mundo.
Recuerdo el día que escribí esto. Era invierno, estaba aun en 3er semestre. Salio el sol apenas, con fuerza, dejando franjas en el cielo. Era un pintoresco paisaje que inspiro un momento en que tenía que hacer hora. Extrañare esos paisajes y momentos. Pero no quita que ahora vengan unos iguales.
El Cielo tenía marcados los dedos, de otro tono. Oscuro y contrastante con la maravilla natural, una tan pura que es intocable para sus ojos. La miraba desde la cercanía de una ventana… que un pasillo así ver tan magnifica vista.
-Oh~~los pies a veces quisieras coser caminos para ti-
Se encontraba bajos sus versos, tendida en una banca de invierno. Dormida por escuchar aquellas pesadas vidas implacables, que caminaban a su alrededor. Sin conocerlos, sin importar quienes fueran, todos compartían un fin común. Aquello no era distracción para lo que hacia. El movimiento de su mano era una conquista de sus letras, que sentido le quita si no lo exalta con amor. Borraba y sobre escribía, con su atención puesta en lo que sus sueños querían decir.
Entonces volviendo a sus recuerdos. Sin viento, con pedazos luminosos que se acercaban, aquel paisaje se convertía en una maravillosa luz que encendía el pasillo. Ruborizando las paredes, alegrando las voces de la gente, cambiando el descolorido color del día. Con un vacilar mostrando su desnudo interior, la mañana se dio a conocer.
Con eso, daba comienzo a su rutina, pero la llegada de la gente. Un llamado para cerrar su cuaderno. Un acto para cerrar su mundo, negándose a la curiosidad de una persona. Aquella que ella creía que tenía una intención alejada al de compañeros. No era el mejor candidato para saber tanto. Entonces… ¿Quién si?